viernes, 30 de enero de 2015

Sin Título

cantamos porque el cruel no tiene nombre

y en cambio tiene nombre su destino.- Mario Benedetti



Cansa preguntarse el porqué de las cosas. 

Agota no comprender nada. 

Sorprende que no lo haga el resto.

Aterroriza no encontrar remedio. Más aterroriza que no esté en tus manos.

Pero si cierras los ojos, y andas como ellos, te acostumbras a no preguntar demasiado, a contener la ira. A respirar hondo, a que no hierva la sangre. ¿Por qué preguntas tú si ya nadie lo hace? Ya no lo hace siquiera quién padece el silencio. 

Militas, militas tímidamente puesto que sale de ti, de forma natural, pero la vida también en su superficial naturaleza está programada para componer otras tareas y te dedicas a ellas.

Pero sabes que está ahí, que es latente. Que por muy fuerte que cierres los ojos, por muy hondo que respires, que por mucho que intentes ahogar el grito y el llanto, que ni siquiera congelando tus venas dejará de hervir en ti la sangre. 

Entonces llega a ti, es como una mecha que se quema, sólo hace falta una imagen como y te das cuenta que si preocuparse te hacia infeliz, mirar de lejos te hacía aun más, y además te hacía hipócrita y poco merecedor de quien creías ser. Te habías decepcionado a ti mismo. Y descubres  que la lucha común era tu lucha individual. Que lo hacías por ti y no sólo por el resto. Que si quieres ser egoísta y pensar en ti sólo tenias que seguir haciendo lo de siempre. 

Consumirse libre y consciente, es mejor que mantenerse hipócrita y de ceguera voluntaria.

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4 comentarios:

  1. Ojalá halles en tu corazón y en tu razón las dosis adecuadas de lucidez, coraje y elegancia como para enfrentar, entre otros vectores de la Vida, éste y cualesquiera otros sufrimientos.

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  2. A la felicidad se accede por un macabra receta. Hipocresía y ceguera, como bien dices, indiferencia en definitiva.

    Me gustaría saber, y no sólo creer, que el futuro pertenece a los infelices, los que asumen la barbarie aunque duela y la batallan en función de una esperanza de la que no nos solemos responsabilizar, y que a menudo se nos va de las manos. Infelices sí, pero más libres que ninguno.

    Un abrazo Dawn, a veces la absurdidad, y más cuando afecta a la realidad material de muchas vidas, se ensancha hasta doler, hasta desgarrar. Lo sabes muy bien.

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    1. No quiero creer quiero saber decía Carl Segan. No te hagas científico que la vida, a veces no nos queda otra que creer.

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